viernes, 4 de marzo de 2011

tarde de lluvia

Había dejado de llover, así que me dirigí hacia casa. Me gustó la sensación de volver hacia allí por la calle fresca, con la luz clara del sol nublado y el olor a hierba y tierra mojada. Pensaba en mis cosas, o en nada, no recuerdo.

Cuando estaba llegando, vi frente a la puerta de mi casa un enorme charco. Me pareció muy extraño porque nunca que llovía se acumulaba allí el agua; y me asomé para ver mi cara de sorpresa reflejada en el fondo de aquel charco gigante.

Sin salir de mi asombro, mis pasos me guiaron inconscientemente a la acera de enfrente, donde me senté en el asfalto negro y húmedo para ver dentro del charco mi casa boca abajo. Me quedé mirando embelesado, con gran atención, el interior del charco. Y allí, invertidos e invocados por mi gran esfuerzo de concentración, comenzaron a aparecer todos mis amigos, familiares, mascotas, recuerdos, objetos personales y, en definitiva, todo lo que hasta entonces había sido mi vida.

No sé durante cuanto tiempo estuve mirando con una sonrisa estúpida aquél espejo de las ilusiones; pero creo que todavía no habría salido de mi embelesamiento si tú no hubieras pasado por mi calle. Así de emocionado me encontraba cuando cruzaste el charco pisándolo indolente; revolviendo sin darte cuenta todos mis recuerdos, moviendo mi casa desde sus cimientos en el aire hasta el tejado de su suelo y entreverando toda mi vida anterior de una forma irreparable.

Levanté la cabeza; todavía manteniendo la misma sonrisa, y aún sin entender el misterio del charco; y te vi seguir caminando sin enterarte de lo que acababas de hacer. Sin quererlo, me puse de pie, y los mismos pasos inconscientes que me llevaron a la acera, me llevaban ahora a perseguir por las calles tus huellas mojadas dejando atrás toda mi realidad ondulante.

jueves, 17 de febrero de 2011

quédate a dormir

Se despertó en medio de una cama revuelta, medio desnudo y en una habitación que olía a canela y piñones.

Le había hecho prometer varias veces que si se quedaba era solamente para dormir. No había accedido a dormir allí hasta que se lo hubo asegurado una y otra vez. Pero le había mentido. Sí, es verdad que se había limitado a acostarse a su lado, mantener una conversación hasta que el sueño no les dejaba más que decir estupideces y que ni siquiera le había puesto una mano encima; pero le mintió; se sentía engañado, y de la peor manera posible.

Nada más dormirse, él, contradiciendo sus promesas, se había metido en sus sueños. Apareció en ellos y le hizo el amor en una cantidad, calidad y variedad de formas que jamás antes hubiera podido imaginar. Llenó todos sus sueños de aquella noche de placer, creatividad, tranquilo reposo, experimentos, ganas de piel y olor a cuerpo vivo.

Ahora se sentía enamorado de él, y de una forma de lo más adictiva; había enamorado a sus sueños, algo que convertía aquel amor en irremediable, irreversible e irracional; un amor peligroso. Sólo le quedaba esperar que él no se hubiera dado cuenta.

Pudo ver su silueta entrando a contraluz por la puerta. Adivinó por la forma que veía a través de sus ojos entrecerrados que estaba desnudo y que llevaba una bandeja. Ahora la habitación olía a canela, piñones y café. No podía dejar de pensar en que debía evitar a toda costa que él notase lo que había soñado, y cómo se había sentido haciéndolo.

Él lo miró mientras se acostaba gateando encima de su cuerpo. No veía nada a contraluz, pero sabía que le estaba mirando con esa sonrisa suya, mezcla de atracción y amenaza. Si las plantas carnívoras tuvieran cara, estaba completamente seguro de que antes de devorar a su presa, sonreirían de esa manera. Estaba claro que sabía lo ocurrido en el sueño, y se sentía estúpido por haber siquiera pensado que podría habérselo ocultado a sus poderes adivinatorios.

- ¿Otra cabezadita? - Le oyó decir a aquella sonrisa en la oscuridad.

Esta vez durmieron abrazados, entrelazando sus brazos y piernas inocentemente mientras en sueños no dejaban de conocer sus cuerpos, tan a fondo, que aprendieron también algunas cosas de sus almas. Los dos sonrieron en sueños mientras en la bandeja se enfriaba el café.

miércoles, 2 de febrero de 2011

más peluches que tanques

Será un anuncio de una de las mayores multinacionales del mundo. Seguramente promueva el consumismo, lo más posible es que esté creado exclusivamente para promocionarse y vender más y más. Con toda probabilidad se me escapen muchísimos detalles subliminales a los que mi mente de espectador ocasional e inexperto no les sepa dar significado ni justificación. Pero me encanta.

Me gusta que en los medios de comunicación tengan cabida visiones optimistas del mundo. Me gusta que, muy despacito, se nos vaya dibujando una sonrisa pensando en positivo mientras miramos nuestra pantalla. Me gusta que en la televisión todavía puede tener sentido esta función.

Aunque sea a través de anuncios, pueden ser un buen primer paso para el ansiado telediario de sólo buenas noticias, ¿no, Ali?

Espero que a vosotros también os guste que por un momento la televisión recuerde que aún se hacen tartas de chocolate, que el amor se apodera del miedo, que hay personas que comparten hasta su sangre y niños que cantan con una sonrisa al mundo, porque piensan que es maravilloso.